sábado 7 de enero de 2012

ANA Y LORENA


Es una peripecia cada día
una semana
ni pensarlo
pierdo toda perspectiva
si pienso en ello
mi memoria
está presionada
no se si huyo o corro
hacia algo
carezco del sentido
de profundidad
sobrevive en mi fuero
un residuo:

Leí las historias de
tres borrachos
se regaba
en el interior del auto
un horizonte desconocido
mi memoria
se regeneraba
mi existencia
fluía como un río
por fin
los chispazos habían cesado
aquel elemento
que no puedo dar otra
mención que
poder superior
ahogó por unos minutos
mi
torrentosa sangre.

ANA

¡Qué poder tiene una vida!
Salí al caer la noche y desde
la esquina opuesta
vi la entrada
de su local
del que salía
la luz eléctrica
intensa
a más no poder
al fondo varios clientes
ante un mostrador
y, al avanzar un par de metros,
ella estuvo
en la mira
su silueta
su cuerpo
como una mancha
de tinta
agitada
atendiendo
a una clienta
extendiendo su brazo
hacia ella
¡que pincelazo de mujer!
en aquella escena
debajo de mi pecho
algo se tensó
como un arco
y, tan rápido
como apareció,
desapareció
continué el camino
bajo una llovizna
de spray.

Un momento de confusión
en que no sabía
que rumbo seguir
decidí no esperarla
y con un movimiento
de 180 grados
de mi timón,
enfilé hacia
otro rincón
de la noche
simplemente
a buscar un restaurante
para llenar mi
hambrienta humanidad
que no hubiera dado
por sacarla de su
esclavitud
y tenerla
en una vitrina
para mis ojos
para mis manos
a ese pedazo de
mujer
pedazo de
cielo
pedazo
de noche
bajo la suave llovizna.

LORENA

La conocí hace un año
cuando llegó
después del trabajo
con su ropa de oficina
estaba pasada de kilos
aquella vez
y lo estaba
ahora
vestía sport
desde sus zapatos
de lona, su pana ceñido
y un sweatter
todo de tono habano
me tarde una hora
en reconocerla
con su traje de sastre
la recordaba más blanca
tenía más autoridad
y presencia
ahora la veía más
trigueña
y vulnerable,
como sureña
estaba reajustando
su imagen
la primera vez que
conversamos
blandía su mano
en el aire
gestualizaba
sus ideas
y dibujaba
elegantes líneas
raudas
como rúbricas
para adornar
su relato
no podría decir que
era una beldad
pero igual me hacía
suspirar
las mujeres tienen
tantos
recursos
son artistas
consumadas
que encantan
y encandilan...
No pude hablar esta vez
con Lorena
pero llegará la noche
en que su mano
teja en nuestro
aire
esas pinceladas
de furtivos
amores
entre los dos
amores
que nunca
nos confesaremos
que se extinguirán
en cada rúbrica
y con cada aliento
que nos respiremos
juntos
uno del otro
ni que decir
tengo
que podría
morir
tranquilo
al fin
si lograra
que
esa mano suya
jugueteara
con
mi polla.

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